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Si estoy sola,

si los pasos me lloran,

descalzos los separo

de mi alma.

Si me alejo,

olvido y no regreso,

me quedo atrás

prendida

de mi cuerpo.

Son mis versos cautivos,

los que me dan alas,

me siembran

y desnudan

para que nazca siempre.

A mi manera ando,

a mi manera llego

a donde nunca estuve.

Son los versos que escucho,

a los que llamo,

los que hablan por mí

cuando me callo.

II

Cántame  una canción

que nunca recuerde,

que solo escuche una vez,

que nadie sienta ni entienda.

Cántame una canción

que atrape mi alma,

que sepa lo que quiero,

que explore lo que amo

sacando todo de mí,

cántame esa canción

que nunca ha sido escuchada,

que tal vez fue dueña de tus sueños,

o coautora de deseos olvidados.

Cántame una canción

que no tenga letra,

que sólo de voz llame a mis oídos,

y de mis oídos al corazón,

donde todo espera

y donde todo llega

aunque no tenga voz.

III

Me he despertado esta noche

para hacerle fotografías a mis sueños

y revelarlas mas tarde por las esquinas.

Era la luna flash de mis recuerdos,

anémona de mi voz apagada,

un ovillo de luz candente

sobre mis muslos agrios.

Anhelaba un contenedor donde echar los desperdicios

de las horas pasadas y perdidas,

quizás del día anterior,

cuando mis medias plegadas en el armario

buscaban un par de piernas

y se sentían tan vacías de carne como yo.

Quizás encerrar mi vida dentro del cajón

donde guardo mis medias,

y de paso con ella algunos de mis sueños

antes de que amanezca.

IV

Suena el móvil, casi las nueve de la noche,

me abofetea el viento abrigado de otoño,

respondo y una voz brillante y diminuta

se apodera de mi estómago.

Dan las campanadas

justo al entrar en el supermercado,

una voz brillante y diminuta

recorre en unos segundos

un río de sueños

mientras se esconde;

me derriba justo al lado de la cámara frigorífica

mientras mis ojos encuentran el yogurt natural azucarado;

de pronto desde dentro el paisaje se vuelve infinito,

la oscuridad suprema,

al ras del suelo el peso de mi cuerpo me sonríe

mientras busca entre mis labios el antídoto

de una sombra pegajosa.

Meto el corazón en una bolsa de asas,

me mira la cajera

mientras me pide que le enseñe el bolso.

Llueven en mí trozos de hilos

que como una madeja

se enredan en mi garganta,

mientras salgo por la puerta

esperando encontrarme

a mí misma.

RECUERDOS.

Buscando mis recuerdos,

en un cajón perdido,

de esos que se miran

después de mucho tiempo,

buscando entre mis fotos

para saber el cuando,

el porqué de las cosas,

como llegué hasta aquí,

quien me empujó llegar,

si de mis propios pasos

anduve yo el camino,

sola, supongo,

como hasta ahora todo,

siempre mi soledad,

erguida sobre mí,

como escapar ahora,

como volver atrás,

si no tengo maleta,

donde llevar mi nada,

y aunque la tuviera,

no sé ni donde está.

ÁNGELA.                                (A mi hija unos días antes de su nacimiento)

En la plaza del olvido,

junto a los naranjos

de las ramas pálidas,

esas que alcanzan los niños,

los que sus hojas tristes me hablan,

en un banco teñido

junto a la iglesia blanca,

me deshacen las sombras,

las que apagan las ramas,

las que el viento dejó alborotadas,

en una tarde mustia

de esas que se escapan,

y te llenan de voces perdidas

desbarato mi alma,

apenas las escucho

cuando me habla Ángela.

¡Qué será de los nidos

que enredaban las ramas!,

¡cómo será la cuna

en que cante una nana!,

serán como las hojas

cuando las flores nazcan,

serán ramas mis brazos

y las raíces alas,

serán sus ojos soles

que abrirán la mañana,

será la tierra mar,

y mis pechos su barca.

 

 

 

 

 

 

QUISIERA

 

Quisiera ser una pequeña nube

para ver donde nace la lluvia,

a donde van las gotas que mueren,

donde termina el mar,

donde mueren las olas

si es que mueren,

a donde van los versos

que no nacen,

o los que emanan impasibles del olvido,

los que simplemente

quedan dentro,

a donde van los versos,

los que nunca se fueron,

los que van llegando……,

si están en lo más hondo,

si  están en lo más alto,

si una voz bastara

para poder hallarlos,

la voz o la palabra,

el alma en todo caso.

 

JUEVES  SANTO.

Jueves Santo,

el aire huele a incienso

y a corazón agrio,

tú no me miras

y siento la distancia

doblar mi herida.

Detrás del paso

van sonando campanas

de pies descalzos

que sí me miran,

y van bordando las huellas

por la avenida.

¡Quién te tuviera!,

Como poder decirte

que mi alma vuela

para pedirte.

Y las lágrimas suenan

palpitando la noche

entre las velas.

Detrás del paso

una mujer camina

con pies descalzos,

y en ellos siente

un corazón pequeño

para su vientre.

¡Quién lo tuviera

para poder besarlo

en la primavera!.

Con pies descalzos

me abrigo de plegarias

un Jueves Santo.

Y ya amanece,

te espero en mi ventana

para quererte,

si tú vinieras

me pondría zapatos

de piel de cera,

si  tú estuvieras

romperías mis sueños

de primavera.

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